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De la supuesta infidelidad a las 13 puñaladas: los escalofriantes detalles del crimen del ingeniero argentino en España
La investigación por el asesinato del ingeniero argentino Facundo Rico en Madrid logró reconstruir en pocos días cómo se desencadenó el ataque. Para los investigadores, el acusado, a un hombre de 65 años, creía que la víctima era el amante de su esposa. Eso lo llevó a presentarse en su departamento donde lo apuñaló 13 veces y, menos de 24 horas después, se quitó la vida.
El crimen ocurrió el martes 14 de julio, cerca de las 10 de la mañana, en un departamento alquilado del barrio Las Tablas, en el distrito madrileño de Fuencarral. Hasta allí llegó el presunto agresor, también ingeniero, quien ingresó a la vivienda y mantuvo un violento enfrentamiento con Facundo.
La pelea terminó en la cocina de la casa. Según la reconstrucción policial, la víctima recibió 13 puñaladas, varias de ellas en la espalda y en la zona del omóplato. El cuchillo quedó abandonado en el piso y en una de las paredes se hallaron restos de gas pimienta, que el atacante llevaba consigo y utilizó durante la agresión.
Para los investigadores, la violencia desplegada durante el ataque demuestra que el hombre contemplaba la posibilidad de matar. De hecho, consideran que el hecho de haber llevado un aerosol de gas pimienta refuerza esa hipótesis, aunque todavía se analiza si había planificado el homicidio desde un principio.
Tras el crimen, el agresor escapó rápidamente del edificio. En el hall se cruzó con el encargado, que había sido alertado por una vecina luego de escuchar los gritos de la víctima y percibir un fuerte “olor químico”.
Después subió a un auto rojo, estacionado frente a una clínica, y emprendió viaje hacia la provincia de Ávila. Parte de ese recorrido quedó registrado por cámaras de tránsito.
La obsesión que habría motivado el ataque
Las primeras declaraciones de familiares y allegados de Facundo orientaron la investigación hacia un posible móvil sentimental.
La principal hipótesis sostiene que el agresor estaba convencido de que el ingeniero mantenía una relación con su esposa. Esa sospecha, según la investigación, derivó en una obsesión que terminó desencadenando el ataque, indicaron fuentes de la investigación a El País.
Los detectives establecieron que la mujer, de unos 50 años, y la víctima asistían al mismo gimnasio, ubicado a pocos metros de la casa donde vivía Facundo.
Además, fuentes cercanas al caso señalaron que ella pretendía separarse de su marido, quien habría comenzado a investigar si existía una tercera persona en su vida.
Después del homicidio, el hombre llegó a una segunda residencia que el matrimonio poseía desde hacía dos años en La Adrada, un pueblo de casi 3.000 habitantes ubicado a menos de dos horas de Madrid, donde habían remodelado un antiguo chalet.
Según la reconstrucción de los investigadores, el agresor le dijo a su esposa que durante ese día había estado realizando distintos trámites, sin dar mayores explicaciones. Mientras tanto, la noticia del crimen ya ocupaba los principales medios españoles.
Al día siguiente, cuando comenzaron a difundirse la identidad de la víctima y los detalles del brutal ataque, el hombre se dirigió hasta el paraje conocido como Charco de la Olla y se arrojó a una garganta, donde murió. Antes de suicidarse fue visto por una pareja que caminaba por el lugar, cuyos integrantes luego declararon que lo habían notado con “muy mala cara”.
Una investigación cerrada
Con la muerte del presunto autor, la causa quedó prácticamente concluida desde el punto de vista penal, ya que no existe la posibilidad de continuar el proceso judicial.
De todos modos, los investigadores del Grupo V de Homicidios de la Policía Nacional ya habían reunido una importante cantidad de pruebas.
Las cámaras de seguridad de la urbanización registraron el ingreso del sospechoso, cuya contextura física resultaba fácilmente reconocible, mientras que el encargado del edificio confirmó haberlo visto salir poco después de escuchar los gritos provenientes del departamento.
La esposa del agresor quedó en estado de shock cuando la Policía le comunicó las sospechas sobre la participación de su marido en el crimen. Incluso, según fuentes cercanas a la investigación, en un primer momento se negó a creer que pudiera haber cometido el asesinato.