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Lucas Paganini, ingeniero argentino en la NASA: “Tengo el trabajo soñado”

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El domingo pasado, el argentino Lucas Paganini, ingeniero y líder de proyectos en NASA, se presentó en el Planetario Galileo Galilei de Buenos Aires para conversar sobre cómo fue el desarrollo y lanzamiento del telescopio espacial Nancy Grace Roman, una de las misiones científicas más importantes de la agencia espacial norteamericana.

Durante su exposición, el ingeniero contó cómo llegó de Mendoza a trabajar en uno de los lugares más exclusivos y tecnológicos del planeta y reveló detalles del día a día del desarrollo de las misiones espaciales.

Quién es Lucas Paganini

Paganini es ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, egresado de la Universidad de Mendoza, y doctor en Ciencias Naturales por la Universidad de Friburgo, en Alemania. En la actualidad, es ejecutivo principal del programa del telescopio espacial Nancy Grace Roman y entre algunos de los hitos de su carrera se encuentra un reconocimiento particular: por sus contribuciones a la ciencia planetaria y al desarrollo de misiones, en 2023 la Unión Astronómica Internacional bautizó un asteroide con su nombre: el 33323 Lucaspaganini.

Lucas Paganini, ingeniero argentino que trabaja en la NASA, visitó Aura. 8captura: Aura)

Su recorrido profesional lo llevó de la ingeniería a la investigación científica y, más adelante, a la gestión de proyectos espaciales. Paganini también visitó esta semana los estudios de Aura y contó que durante su doctorado en Alemania desarrolló un espectrómetro, un instrumento que permite estudiar la composición de distintos objetos a partir de su radiación. Una prueba en un radiotelescopio de Arizona despertó su interés por interpretar las señales que ese equipo podía captar del espacio. “Lo instalamos, conectamos los cables y lo sincronizamos con los sistemas del telescopio. De repente, en vez de ver una señal de laboratorio, apareció una señal de Marte, de monóxido de carbono. Y me dije wow. Yo entendía lo que pasaba dentro de esa cajita, pero ahora quería entender lo que pasaba allá arriba. Ahí fue cuando pasé de la ingeniería a la investigación. Estudié física y química para entender los modelos y tratar de reproducir las observaciones”.

Su incorporación a la NASA llegó a través de un programa posdoctoral. Allí se dedicó al estudio de cometas y de lunas del sistema solar, entre ellas Europa, uno de los satélites de Júpiter.

Con el tiempo, comenzó a asumir cada vez más responsabilidades en la gestión de misiones, hasta que el programa del telescopio espacial Nancy Grace Roman se encargó de liderar el proyecto, coordinar cronogramas y riesgos, entre otras tareas del desarrollo y ensamblaje del observatorio.

Cómo es un día de trabajo en la NASA

En el imaginario de la gente, la NASA es un lugar que representa el futuro: salas, oficinas y laboratorios con las últimas tecnologías, pantallas gigantes, computadoras enormes y genios que hacen cálculos y debaten sobre el espacio. Sin embargo, la agencia norteamericana también tiene mucho de reuniones y burocracia interna. Para indagar sobre cómo se trabaja puertas adentro, después de la charla sobre el telescopio, al medio le preguntó a Paganini sobre su día a día en la NASA. Y su respuesta tuvo mucho más que ver con las personas que con las máquinas.

“Mi trabajo tiene una gran variedad de responsabilidades: responder consultas, apagar incendios, tener muchas reuniones. A veces toca viajar para encontrarme con los equipos de trabajo y conocer cuáles son los problemas, comunicarme con mis jefes, escribir reportes para el Congreso para mostrar cómo estamos avanzando, porque somos una organización gubernamental”, explicó. “Muchos piensan que trabajamos todos los días rodeados de una tecnología increíble. Y sí. En parte es así, pero no todo el tiempo. A mí también me ha tocado estar en las salas limpias y es realmente increíble”.

Las salas limpias son espacios especialmente acondicionados donde se ensamblan y prueban satélites, sondas y telescopios espaciales. En estos ambientes, el aire se filtra constantemente para eliminar la mayor cantidad posible de polvo y partículas microscópicas, mientras se controlan la temperatura, la humedad, la presión y la electricidad estática. Los técnicos utilizan trajes especiales, guantes y mascarillas para evitar que cabellos, partículas de piel y otras impurezas contaminen los equipos. Para la NASA y la industria espacial, estas instalaciones son importantísimas, ya que unas simples partículas de polvo pueden dañar circuitos, afectar instrumentos ópticos o provocar fallas mecánicas. Además, ayudan a reducir la contaminación biológica en las misiones que salen de la Tierra, para evitar el transporte de microorganismos terrestres que puedan alterar otros ambientes, como la Estación Espacial Internacional o la superficie de Marte.

“Pero lo que más me parece increíble de trabajar en la NASA son los equipos de trabajo que hacen posible toda esa tecnología. Te doy un ejemplo: en una parte del proceso de desarrollo de Roman surgió un problema y tuvimos que cambiar unos componentes pequeños del coronógrafo cuando el instrumento ya estaba finalizado y se estaban haciendo los testeos. Fue maravilloso ver cómo los equipos de trabajo se organizaban. No se trató de buscar quién había hecho qué, sino de cómo encontramos una solución que permita resolver el problema. Eso está muy bueno. La gente que trabaja en NASA es increíble. Pero son personas como cualquiera. Uno a veces imagina que son todos genios. Son personas como nosotros, que trabajan en equipo. Eso es lo que lo hace tan interesante el trabajo”.

Lucas Paganini coordinó uno de los proyectos más ambiciosos de NASA: el telescopio espacial Nancy Grace Roman. (Foto: Lucas Paganini/NASA)

En cuanto a sus tareas cotidianas, Paganini explicó que su trabajo diario, ahora, es muy diferente del que realizaba en su etapa como investigador: “Durante mucho tiempo iba a telescopios, observaba y analizaba datos. Ahora viajo mucho, paso gran parte del día respondiendo emails, coordinando operaciones… y también me dedico a tratar de ayudar a las próximas generaciones”.

Y sobre la organización a la que pertenece, el ingeniero argentino destacó el carácter público de la NASA en las investigaciones que desarrolla. “Sin financiamiento no hay ciencia. La agencia se mantiene con los impuestos de la gente, y por eso respondemos al pueblo. Siempre decimos que nos debemos al pueblo. Por eso los datos de las misiones de la NASA son de acceso gratuito y todos los datos, los resultados de las misiones, están a disposición de todos. No solo para la gente de Estados Unidos, sino para todo el mundo. No importa si estás en una universidad en California, en Mendoza o en Europa: todos tienen acceso a la información. Cualquiera puede generar descubrimientos, sin importar de dónde venga. En NASA decimos que la ciencia no tiene fronteras”.

Un pequeño grano de arena

Paganini también habló de las dificultades de su carrera y de las enseñanzas que se llevó de cada obstáculo que le tocó atravesar: “Al trabajar en la NASA aprendí algo interesante: la resiliencia no es simplemente tratar, tratar y tratar. La resiliencia es adaptarse; cambiar la forma de comunicarse, la forma de escuchar y la manera de trabajar con los equipos. Eso es muy importante”, aseguró. “Y aunque para mí tengo el trabajo soñado, entender lo que hay más allá de la Tierra tiene también momentos frustrantes. Aun así, estoy muy contento de estar en la NASA. Es una institución excelente y lo que hago es apasionante”.

Por último, Paganini destacó la importancia de comunicar la ciencia y explicar por qué merece el apoyo de la sociedad: “Los científicos a veces tenemos un problema: nos cuesta comunicar la ciencia de una forma sencilla, accesible. No es fácil. Yo mismo tuve que entrenarme para explicarla de una manera más simple porque es muy importante que esa ciencia baje a tierra, para que la gente entienda lo que hacemos y por qué es interesante. Y una de esas razones es que cada vez que avanzamos en nuevos conocimientos, se terminan desarrollando tecnologías que después se utilizan en la vida cotidiana. Y además, obvio, nos permite darnos cuenta de que somos un pequeño grano de arena en un universo enorme”.

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