Política

En una pretensión de tecnicismo y neutralidad, Ravier mandó a las familias a abrigarse ante la suba de tarifas

Publicado

en

El gatopardismo es una estrategia política que consiste en hacer cambios superficiales para que, en el fondo, todo siga igual. La idea es cambiar las formas, el tono o los protagonistas, pero no el contenido. Que parezca más técnico, más racional y menos confrontativo, aunque el resultado sea exactamente el mismo: ocultar o desdibujar aspectos centrales de la realidad.

El flamante vocero presidencial, Adrián Ravier, dio su primera conferencia de prensa ante los periodistas acreditados en Casa Rosada y dejó en claro que el reemplazo de Manuel Adorni busca imponer un nuevo estilo, aunque con idéntico contenido. Dispuesto a inmolarse por el mileísmo, Ravier volvió a defender el ajuste. Esta vez, con las tarifas: aseguró que «deben ser libres» y que eso implica que haya familias que, ante el aumento del gas, «tengan que abrigarse más en vez de prender la calefacción».

«No hay almuerzo gratis». Otra de las frases, polémicas además de crueles, con las que Ravier intentó justificar una política tarifaria que en los últimos meses implicó aumentos superiores al 100% para miles de hogares.

En ese mismo sentido, el funcionario trasladó directamente el impacto del ajuste al comportamiento de los usuarios: «Y eso ha implicado también una medida muy desafortunada, muy ingrata que este gobierno tiene que hacer, de decir: ‘Te tengo que duplicar el gas, te tengo que duplicar el agua, te tengo que duplicar el costo de la electricidad’. Eso también después conduce a otro tipo de acciones en las familias, de decir: ‘Bueno, ahora que está más caro el gas, voy a tratar de abrigarme más que prender el gas’. (…) Esto de ‘no hay almuerzo gratis’, la famosa frase de Milton Friedman, de que alguien lo tiene que pagar».

Ahora bien, si la nueva vocería pretende mostrarse más técnica y más neutral, también debería aportar datos concretos. Porque citar autores de la Escuela Austríaca no explica por qué ni sobre qué base aumentan las tarifas.

Si el Gobierno sostiene que es necesario duplicar, triplicar o incluso cuadruplicar las tarifas para cubrir «los costos», entonces sería razonable que explicite cuáles son esos costos. ¿Cuánto corresponde a la generación? ¿Cuánto al transporte? ¿Cuánto a la distribución? ¿Cuánto representan los subsidios? ¿Cuál es la rentabilidad empresaria? ¿Cuánto corresponde a costos operativos y cuánto a inversión real?

Hoy el ciudadano de a pie no puede conocer cuál es el costo real de una tarifa. Simplemente debe aceptar, casi por un acto de fe, que el precio que paga responde a criterios estrictamente técnicos, mientras a empresas como Edenor o Edesur se les condona una deuda millonaria.

Sin esa información, el discurso del tecnicismo termina funcionando como un recurso retórico. Cambia el tono, cambian las palabras y cambia el vocero. Pero la lógica sigue siendo la misma: ajuste sobre la clase media y favoritismo hacia las empresas oligopólicas.

Trending

Salir de la versión móvil