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Mauro Giallombardo, el piloto que huyó de la muerte: la recuperación, el juicio que afronta y volver a correr

Era multicampeón y se llevaba el mundo por delante. En agosto de 2017 sufrió un terrible accidente cuando conducía un auto particular por la Ruta 40. Él y la chica que lo acompañaba quedaron en estado desesperante. Dice que se mandó “una cagada”. Habló de todo.

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Mauro Giallombardo dice que no. Que no volvió a vivir y que termina de cumplir 33 años y no algo más de cinco, que son los que pasaron desde el terrible accidente que sufrió el 13 de agosto de 2017. “No me rompan las pelotas con eso. Yo nací el 29 de diciembre de 1989 y tengo treinta y tres años. Yo nunca me morí”, subraya, aunque bien cerca estuvo.

Cuando pasó todo, La Rana era uno de los pilotos más populares y polémicos del automovilismo argentino. Lo que ocurrió desde entonces hasta hoy, lo contó él. Desde cómo fue tener que aprender a hablar, su nuevo sentido de ser en el laboratorio G129, el objetivo de volver a correr (sí: volver-a-correr) y el juicio que afronta por parte de Ailén, la chica que aquel día lo acompañaba en el auto

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Calle 59. Guillermo E. Hudson. Un empleado de la escudería G129 abre el gran portón. Sabe de qué se trata la visita. Le avisaron. “Mauro está en una reunión. En un ratito baja”, anuncia. Ese ratito son largos minutos. Primero aparece Miguel, el jefe de los mecánicos del lugar, todos quienes trabajan en los autos de carrera que preparan. Unos con amoladoras, otros con pinzas, otros con piezas que en instantes colocarán. Luego viene Laura, la que está a cargo de la administración del lugar. La única mujer en un ámbito que transpira testosterona. Dice que Mauro “ya baja. Pasa que está hablando con dos pilotos adolescentes que quieren correr con sus autos”.

Mauro Giallombardo en G129, su escudería, con dos jóvenes pilotos que quieren correr con sus autos (Foto: Nico González/TN).
Mauro Giallombardo en G129, su escudería, con dos jóvenes pilotos que quieren correr con sus autos (Foto: Nico González/TN).

Efectivamente, un tiempo después desde una oficina bajan Mauro Giallombardo, los futuros pilotos y el padre de ellos. Todos parecen entusiasmados y abajo siguen charlando de la posible asociación (”hoy me gusta cuando aparece la posibilidad de formar y construir a los mini Maurito Giallombardo, sin los errores, con las virtudes”, dirá más tarde). Ahora sí: “¿Te parece que nos sentemos acá y charlarmos?”, propone.

Camisa blanca, bermuda color ladrillo y zapatillas que completan el tono del look. A Mauro Giallombardo le preocupa su imagen. Le gusta verse bien. “¿Me dejo los anteojos?”, pregunta más de una vez. “¿Me quedan bien?”“Te quedan muy bien, Mauro”. Laura lo convence. Arrancamos.

¿Cómo estás?

-Estoy muy bien y para mí es un gusto porque por suerte puedo estar hablando con vos, así que muy bien, la verdad es que acá es donde yo me siento yo.

¿Está tu vida acá?

-Está mi historia, todo este laboratorio, como le digo yo -porque taller mecánico es otra cosa (aclara)- está lleno de mi historia. Está empapado con todo lo que yo pasé, están mis trofeos, mis autos, incluso autos con lo que yo corrí, están mis mecánicos, todo está relacionado conmigo.

¿Desde cuándo corrés?

-Corro desde que tengo siete años. Empecé en karting de carrera e incluso antes había empezado probando con los de alquiler, como cualquier persona lo puede hacer para divertirse, así que te diría que incluso desde los cinco o seis, cuando me enseñó mi viejo en la quinta del abuelo Pepe.

Mauro Giallombardo en su infancia, cuando corría en kartings (Instagram).
Mauro Giallombardo en su infancia, cuando corría en kartings (Instagram).

No tenías techo. Literal y metafóricamente hacías lo que querías,¿no?

-No tenía techo, es cierto. Por ahí lo que tenía era algún colectivo de frente (dice y se ríe. Es la primera de varias otras veces en las que hará bromas con el accidente que protagonizó y que casi le cuesta la vida).

Con el diario del lunes respecto de lo que te pasó, ¿sentís que en tu carrera lograste todo lo que querías?

-Muchas de las cosas que quería, las logré. Uno de mis objetivos de vida o sueño era ser campeón argentino de Turismo Carretera. Yo muchas veces no lo cuento, pero cuando tenía 14 años empecé a determinar que quería ser campeón del TC y que iba a ser campeón del TC.

Y lo lograste… (NdR: se consagró campeón del Turismo Carretera en 2012)

-Sí, y te voy a contar por qué. Vino a raíz de una discusión con mi viejo, que es mi eterno pilar. Yo tenía 14 años, estaba terminando de correr en karting y me vino a buscar un equipo de afuera para empezar a hacer una academia y bueno, sabiendo las dificultades que teníamos como país en el año 2004, recién salidos de la devaluación y mi viejo fue tajante. Me querían como segundo piloto de un piloto argentino invitado por un ingeniero argentino de F1 y mi papá me dijo literal: “Ni en pedo”.

Néstor Giallombardo lo tenía claro. Y Mauro lo recuerda perfecto: “La realidad es que en ese momento yo no había terminado el colegio, mi vieja obviamente estaba en contra y mi viejo me dijo: ‘Mauri, yo no te voy a mandar a Europa, vos no terminaste el colegio, no sabes ni lavarte un vaso, te irías sin terminar tus estudios y además no tengo plata para bancarte allá’, me dijo que como mucho podría bancarme un año, pero que después me iba a tener que volver e iba a ser un tipo que encima no había terminado el colegio. ‘No lo permito como padre’, me dijo y me aconsejó quedarme en la Argentina, que hiciera carrera deportiva y me dijo que por ahí el día de mañana vivía de lo que me gustaba, que era el automovilismo.

¿Qué hiciste?

-Obviamente en ese momento, pendejito, tenía 14 años, no quería saber nada, yo quería ir a correr a Europa y estuve peleado cuatro o cinco meses, no mucho tiempo tampoco porque la realidad es que tenía que tomar alguna decisión rápido porque era muy chico. Entonces le dije: ‘bueno, está bien, te perdono’, pero yo voy a correr y voy a ser campeón del TC. Yo quería eso y lo proyecté. Me dediqué íntegramente a lograr mi objetivo de vida.

Fuiste un ícono en tu tiempo, una referencia para los chicos en el automovilismo, las chicas a tu alrededor y un poco que llevándote el mundo por delante. ¿Cómo es estar en esa vorágine del todo lo puedo?

-Eso de las chicas alrededor estaba bueno, era divertido (se ríe).

Pero con bastantes polémicas… ¿Todo eso te dejó alguna enseñanza?

-Muchísimas, no sé por dónde arrancar, pero todo lo que pasé creo que me marcó, que me enseñó y de hecho tengo tatuado acá (suelta un botón de su camisa y muestra el pectoral izquierdo, donde se tatuó la palabra resiliencia), pero creo que simboliza todo lo que me pasó, todo lo que aprendí, todo lo bueno que saqué de lo malo. Hoy, viéndolo desde otro lugar decís: ‘Qué pendejo boludo que era’, pero en algunas cosas, porque de otras aprendí muchísimo y esa es por ahí mi virtud que tengo de aprender de lo malo o de las cagadas que hacía. (NdR: en 2016 se viralizó un video sexual en el que se lo veía con el piloto Juan De Benedictis y una mujer).

Tu mensaje sigue siendo una lección después de lo que te pasó, pero también de las polémicas que acompañaron tu vida…

-(Sonrié e interrumpe) De lo malo yo aprendo.Y creo que está en la capacidad de las personas saber reconocer los errores para transformarlos en virtudes.

¿Te acordás del día del accidente? (NdR: el 17 de agosto de 2017 impactó de frente contra un colectivo en un tramo dela Ruta 40 donde se trasladaba rumbo a un centro de esquí)

-No me acuerdo. No recuerdo porque tuve un traumatismo y tengo un borrón.

¿Cuál es tu último recuerdo antes del accidente?

Acá… es loco, pero… ¡es acá adentro! En este mismo lugar donde estamos, sentado sobre ese auto (señala) que iba a ser para mí.

¿Cuál es el primer recuerdo posterior?

-Tengo un borrón de 15 días, más o menos. Me acuerdo de una semana antes y una semana o más después de salir del coma, pero el primer recuerdo que tengo (se ríe) es arriba de la ambulancia. Yo no veía hacia afuera, estaba acostado en la ambulancia y me estaban trasladando del Hospital Austral, que es donde me hicieron los cuidados intensivos, al FLENI de Escobar. Me acuerdo que pensaba: ‘¿Qué carajo pasó? Me duele todo’, y miraba el techo de la ambulancia que era azul y me dolía la espalda, me dolía un poco.

¿En algún momento de esa secuencia pensaste que te habías accidentado corriendo una carrera?

-No

¿Quién te dio esa primera respuesta de qué era lo que había pasado?

-Eeeeh… mi viejo.

El que siempre está.

-Siempre… Siempre papá para decirme las cosas buenas, las malas, es el que tiene que poner cara de malo y hacerse cargo y decir las cosas que son difíciles de decir.

Néstor y Mauro Giallombardo.
Néstor y Mauro Giallombardo.

¿Pudiste entender lo que te estaba explicando?

-Sí. Yo es como que estaba atrapado en mi cuerpo porque no hablaba, no podía, pero entendía. Casi desde el momento cero podría decirte que yo reconocía a mis familiares. Por ahí tenía alguna confusión por alguna neurona medio tonta, pero reconocía a las personas. Hay una anécdota graciosa y es que mi viejo, apenas me accidenté y no hablaba porque además yo tenía una traqueotomía, habla con los médicos y les dice ‘le tengo que preguntar si se acuerda la clave de la caja fuerte’ porque por ahí yo había dejado cosas con vencimiento o algo que arreglar, entonces ellos le dicen que intente, que me pregunte. Me dijo: ‘Mauri, ¿vos te acordás la clave de la caja fuerte?’ Y yo se la escribí en una tablet. Ahí él dijo ‘¡este loco está bien!’

¿Tuviste que aprender a hacer todo de nuevo?

-Tuve que aprender a hablar, a respirar, a tragar, a caminar. En realidad me tuve que reinventar, que es un poco lo que hago en G129. Creo que una de mis mayores virtudes es la de ser flexible, de poder readaptar la situación del terreno, surfear la ola, como digo yo, saber cómo posicionarte de acuerdo al problema que tengas y sacarle provecho a la situación que te esté pasando. Pero tuve que hacer de todo.

¿Qué fue lo primero que dijiste cuando volviste a hablar?

-Jajaja. ¡Me acuerdo! Estaba en el comedor del hospital con mi vieja. La adoro a Lili, es lo más grande que tengo, pero mi mamá era muy densa, muy cargosa, y siempre me hacía preguntas y además siempre me presentaba a la gente que venía, ¡como si yo no la conociera! ¿Entendés? Por ejemplo, venía a verme mi amigo Ariel y ella me decía: ‘Mauri, ¿te acordás de él? Él es Arielito (la imita), era tu amigo, te viene a cuidar desde que te accidentaste. Él era mecánico tuyo, de tu equipo’… Entonces ella me contaba todo el cuento y yo sabía perfectamente quién era Ariel, ¡solo que no podía hablar! Hasta que en una de esas me salió. Dije: ‘Dejame de hinchar las pelotas’.

¿Y qué te pasó cuando pudiste o te escuchaste?

-¡Me sorprendí! No entendía, estaba en el comedor del hospital y me sorprendió cuando dije “Dejjj”, con mucha fuerza y dije ‘dejame de hinchar’ y nada, ahí se puso a llorar mi vieja y al toque empecé a hablar.

¿Cómo fue verte por primera vez después del accidente?

-Me pasaron varias cosas: por un lado, me veía muy distinto a quien yo era; por otro pensaba ‘tengo este problema y tengo dos opciones: o me quejo y me lamento, o lo arreglo. Arreglo la cagada que me mandé’. Y opté por lo último, porque me miraba la resiliencia en el espejo. Todas las mañanas, cuando me iba a vestir para salir, que me vestían, obviamente, porque del lado derecho del cuerpo tenía hemiplejía, estaba en silla de ruedas, no podía ni vestirme, pero cuando me dejaban solo en el baño y me lavaba los dientes, siempre me miraba el tatuaje, que me lo había hecho antes del accidente y me decía ‘tengo que poder con estoarreglar este quilombo’.

Te aceptaste.

-Sí. Por el lado bueno, me aceptaba, o sea, aceptaba que el problema estaba. No me hacía el distinto. Por otro lado me quería morir. Porque también es lo que me pasa, no me gusta mostrar un perfil de súper héroe que todo lo puede o que todo o supera, no. ¿La verdad? Miles de veces me hincha las… me molesta, me molesta mucho todo lo que tuve que pasar y miles de veces dije basta, estoy cansado, me aburrí de esto, estoy podrido de tener que ser siempre yo el que la rema, pero siempre hay algo que me vuelve a llevar a esa resiliencia. Pero tengo bajones, o tenia bajones, sobre todo por el aspecto físico que yo recordaba de mí o por ahí veía. Ahora estoy por ahí más acostumbrado al Mauro que yo era, pero al principio fue difícil y hubo que adaptarse, pero siempre tuve esa virtud, busqué la manera de adaptarme.

¿Asumiste al nuevo Mauro?

-Sí, sí, asumí por completo. No es que antes era otro Mauro y ahora me toca ser este. Sí me pasa que aprendí de todo lo que me pasó. Creo que en eso, el accidente se llevó un 80% de mis cosas malas y un 20% de las buenas. Sería estúpido si dijese que el accidente estuvo buenísimo, que me encantó pegármela de frente contra un bondi… Perdí cosas, y perdí cosas que no recupero. Me quedó una hemiparesia (disminución de la fuerza motora o parálisis parcial) del lado derecho del cuerpo y si bien hoy camino mucho mejor que hace un tiempo, me cuesta mover mi lado derecho y son secuelas que mejoran muy poco y es muy difícil encontrar la mejora aunque yo me sigo esforzando como desde el primer día que estaba internado.

¿Qué hacés en tu laboratorio?

-Mi trabajo acá es ser el comerciante, porque a mí me echaron… (se ríe) No, no, un poco en broma, un poco en serio, dejé a mi viejo al frente. Él es empresario de toda la vida, tiene mucha más capacidad de manejo de grupo de trabajo, y yo antes, cuando me puse a hacer todo eso, me volvía loco. Hoy tengo otras prioridades,como por ejemplo volver a correr, pero en lo que tiene que ver con G129, yo ahora estoy al frente del marketing.

¿Pudiste reencauzar tu vida? Trabajo, amigos, amores…

-Eeeeh, bueno. En el trabajo sí, porque acá soy feliz. Con los amigos… (deja de hablar largos segundos) tema complejo. Me cuesta reunirlos, no sé por qué. Es como que no estoy tan conectado como antes. Pasó el accidente y luego algunas cosas, decisiones que uno toma y lo llevan para un lado y al otro para otro pero es como que desde el accidente mi grupo de amigos se desmembró. Y en el amor estoy conociendo a alguien. Estando internado conocí a una chica con la que estuve a punto de casarme, pero las cosas no se dieron y después de mucho tiempo ahora estoy volviendo a intentar. Creí que no era para mí el amor, pero conocí una chica que me está demostrando que por ahí sea posible. Se llama Cande, le mando un beso grande.

Mauro, sé que no hablás mucho de lo que pasó con las personas que iban con vos el día del accidente, sobre todo de Ailén, la chica que quedó en muy grave estado… (NdR: en el auto iban Mauro Giallombardo, Ailén Ogen, Belén Curcio y Hernán López)

-(Interrumpe) Ya te digo que yo respondo absolutamente todo, lo que yo pueda, lo responde porque nunca me hago el desentendido, esa es mi personalidad.

Okey. ¿Volviste a estar en contacto con ellos, te interesa lo que les pasa?

-A ver, primero voy a empezar por el final. No quiero dar detalles del tema hasta que no se termine el juicio que me están haciendo, por recomendación de los abogados, ¿no? Cuando eso se termine y no tengo ningún inconveniente, me siento, digo exactamente lo que pienso y lo que fue padecer un montón de cosas que fueron injustas para mí.

Te vuelvo a preguntar si estuviste en contacto por tu propio interés de saber su condición.

-Mientras estaba internado pregunté y un día, cuando yo recién estaba tomando conciencia de lo que había pasado, en primer lugar quiero dejar claro que mi familia… a mí se me juzga mucho y me parece que se me juzga desde un lugar totalmente incoherente o de no ponerse en la posición de los demás. Sobre todo… a mí bueno, vaya y pase me chupa un huevo, porque yo ahora, en este momento de mi vida, no tengo más tiempo que perder, yo digo lo que pienso porque sé que hoy estoy acá y mañana no sé si voy a estar. Entonces, hablo de esta manera y expreso lo que siento porque realmente es como pienso. Pienso que yo estoy acá de paso.

La familia de Ailén reclama que ella no tuvo las mismas oportunidades que vos para recuperarse en cuanto a la calidad de la atención…

Si la gente quiere pensar que yo soy un mal bicho o que yo dejé tirado a alguien que no era mi novia, como dicen…Yo no dejé tirado a nadie… si yo tenía la cabeza partida en 20 pedazos y mi familia estaba preocupada por mí. Yo estaba a punto de morirme, no había tiempo para pensar en otra persona que no fuera yo. Cada familia pensaba en el que le correspondía y a mí que me reclaman que me haga cargo, pero yo ¿cómo me voy a hacer cargo si yo no sabía si iba a vivir? ¿En que cabeza puede entrar la posibilidad de que yo pudiera hacerme cargo de algo? Yo no sabía ni donde estaba, no podía hablar, no comía, no sabía tragar… desde ese lugar no tengo mucho para aportar y el detalle de cómo estoy yo metido en un juicio no te lo puedo contar ahora, te lo contaré cuando termine el juicio que me están haciendo.

Ailén Ogen y Mauro Giallombardo.
Ailén Ogen y Mauro Giallombardo.

Si desde lo humano pudieses decirle algo a Ailén, ¿qué le dirías?

-No puedo hablar del tema… porque no quiero complicar las cosas, pero por supuesto que le diría y lo vas a saber el día que esto se termine. Mi honestidad a veces es un poco brutal…

¿Cómo te sentís vos con vos?

-Como dueño de la empresa siento que esto es mi vida. G129 se transformó en mi hijo, ese que no tengo físicamente, lo tengo en la imagen de mi marca, ese es mi hijo. Yo me siento feliz, cada vez que vengo acá repito, amo, esto me conectó, me terminó de conectar. Los cables se me terminaron de pegar cuando yo volví a hacer esto, yo soy esto. Me corrí de la posición en la que estaba porque como jefe soy bastante bravo, muy exigente hasta conmigo mismo y también equivocado porque para alcanzar algo estoy dispuesto a perderlo todo y eso me hacía mal como SEO de una empresa porque hay veces que hay que tener la inteligencia para mediar.

¿De verdad querés volver a correr? Tenés dos placas de titanio en la cabeza…

-Voy a volver a correr si puedo, si los médicos me dicen que puedo. En mi condición, correr implica el doble de riesgo que implica para cualquiero y no quiero arriesgarme aunque siempre fui de esos, pero esas son las pequeñas prioridades que cambiaron en mi vida. Lo que pasa es que mi interés es este: yo quiero ser campeón de todas las categorías de ACTC. Fui campeón de Moura, de Pista y de TC, pero no fui campeón de TC Pista Moura porque no existía. Ahora existe y lo quiero ganar. Es un objetivo que siento que puedo alcanzar.

Mauro Giallombardo, cuando se consagró campeón del Turismo Carretera, en 2012.
Mauro Giallombardo, cuando se consagró campeón del Turismo Carretera, en 2012.

Las lágrimas de Néstor Giallombardo

Terminó la entrevista. Los mecánicos salen del lugar en el que habían esperado para no interrumpir la charla. Salen los cuatro perros que viven en la escudería que sí tomaron protagonismo ante las cámaras y hubo que cortar mientras requirieron sus dosis de caricias, y también salió Néstor Giallombardo, el papá de Mauro, quien no estaba cuando llegamos ni tampoco vimos entrar. Se acerca y saluda. Mauro le habla: “Contales la anécdota de la clave de la caja fuerte que me acordé o la de la ruta…”

Y el hombre responde: “Uhh, sí. Te acordabas de cosas que… yo no podía entender cómo se acordaba de esas cosas. En Escobar, un día lo saqué a pasear con la silla de ruedas y él me preguntó qué ruta era la que pasaba ahí. Esto fue en septiembre, un mes y pico después del accidente. Le dije que era la Ruta 9 y me pregunta ‘¿y Rosario para qué lado está?’”, recuerda y, ya emocionado, dice: “Y ahí empecé a entender que el loco este se iba a recuperar”. No puede seguir hablando porque llora. Solo se acerca a Mauro, lo abraza y le dice “qué fuerza tenés, loco”.

¿Volver a nacer? ¡No! Seguir viviendo.

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