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En la Rusia de Putin, hacer chistes sobre la guerra en Ucrania o sobre religión te puede llevar a la cárcel
Un comediante es juzgado por hacer bromas sobre Jesucristo y el conflicto armado.
Ser comediante es una cuestión de riesgo en Rusia. Una broma mal calibrada sobre la guerra en Ucrania y chistes religiosos o sobre el gobierno de Vladimir Putin te pueden llevar a la cárcel.
El standupero ruso Artiom Ostanin lo sabe muy bien. Alguien lo denunció por bromear sobre Jesús y sobre un veterano de la “Operación Militar Especial”, el eufemismo elegido por el Kremlin para aludir al conflicto armado. Para Rusia, el que hable de guerra se arriesga a una temporada en una celda.
“Hoy en Rusia, hacer chistes políticos o religiosos conlleva un riesgo real de persecución penal. No se trata de la sensibilidad pública ni de la reacción social, sino de un sistema represivo de aplicación de la ley”, dijo al medio la activista rusa Olga Romanova, directora de la ONG Rus Sidyashchaya (Rusia detrás de las Rejas).
Por qué es juzgado el comediante Artiom Ostanin
Ostanin está acusado de “incitar al odio y ofender los sentimientos religiosos». Pero también por liderar un “grupo criminal organizado”. Intentó escapar, pero fue detenido en Bielorrusia, la aliada leal de Putin. Sus abogados dijeron que fue golpeado.
La causa empezó a inicios de 2025. Alguien lo denunció por dos bromas hechas en diciembre de 2024 en un club de comedia en el centro de Moscú. En el juicio ya testificaron decenas de testigos que contaron cómo se sintieron ofendidos por las bromas.
El fiscal del Tribunal de Distrito de Meshchansky de Moscú pidió condenarlo a cinco años y once meses de prisión. El juicio seguirá el lunes.
Según el sitio opositor Mediazona,uno de los chistes involucró a un veterano de guerra, aunque jamás mencionó que había peleado en Ucrania.
La broma se sustentó en una pelea con un hombre sin piernas que se trasladaba en una patineta en el subte y se lo llevó por delante.
“Me estaba mirando como si hubiera estacionado en un espacio para discapacitados. No podría pensar en nada mejor que inclinarme y decir: ‘No vayas tan rápido’. En ese momento, una anciana se apareció detrás de mí y comenzó a gritar que estaba siendo grosero. ¿Y por qué carajo soy grosero en esta situación? Fui literalmente atropellado en el subte. El tipo fue volado por una mina, decidió tomar una esquina a toda velocidad, y de alguna manera yo soy el grosero”, afirmó.
El chiste sobre Jesucristo es más inocente aún: “Yo solo informé a la gente. ¿Y sabes qué hicieron? Me crucificaron”, dijo Ostanin en su show. También habló sobre los abdominales de Cristo, un lenguaje que testigos en el juicio calificaron como “demoníaco”.
“La actuación contenía burla, ridículo, desacralización y una actitud cínica hacia Jesucristo”, dijo un experto que testificó en el juicio.
“Alto riesgo”
“Cualquier broma, declaración u opinión que no se ajuste plenamente a la postura oficial de las autoridades rusas puede ser motivo de persecución. Si esa broma, opinión o declaración atrae la atención de blogueros del llamado segmento ‘patriótico’, las acusaciones administrativas o penales se vuelven casi inevitables”, dijo al medio la periodista de Mediazona Daria Guskova, que cubrió la historia desde su exilio en Lituania.
Además, afirmó: “El Código Penal ruso contiene numerosas disposiciones que pueden utilizarse con este fin, desde ‘desacreditar’ al ejército ruso hasta insultar los sentimientos de los creyentes”.
Grigory Vaipan, abogado de la ONG rusa Centro Memorial Defensa de los derechos humanos, dijo al medio. “Las bromas políticas y religiosas exponen a cualquier persona en Rusia a un alto riesgo de procesamiento”.
“El gobierno ruso utiliza una amplia gama de leyes con este fin, desde aquellas que prohíben la ‘incitación al odio’ o el ‘insulto a los sentimientos religiosos’ hasta las que suprimen cualquier tipo de discurso contra la guerra en el contexto de la agresión rusa contra Ucrania”, aseguró.
En este difícil contexto represivo, Romanova contó que “los chistes sobre la guerra en Ucrania están prohibidos”.
“Las leyes son deliberadamente vagas, lo que permite a las autoridades castigar la ironía, la sátira e incluso los comentarios neutrales”, afirmó.
Ostanin no es el único comediante en problemas.
“Ya hay personas en Rusia que fueron condenadas o están siendo investigadas por chistes, monólogos, publicaciones en redes sociales y declaraciones públicas”, dijo Romanova.
Para la activista, “los comediantes, blogueros y artistas corren un riesgo especialmente alto porque el humor, por su naturaleza, implica ironía y crítica”.
“El caso de Artiom Ostanin forma parte de un patrón más amplio: el Estado está destruyendo sistemáticamente el espacio para la ironía pública, la sátira y la libertad de expresión. En la Rusia actual, el humor ya no es una forma segura de autoexpresión y las autoridades lo tratan cada vez más como una amenaza», concluyó.
Pero la censura no solo alcanza a comediantes.
El estreno de la obra teatral Democracia, basada en una pieza homónima de Iósif Brodski, fue suspendido en Moscú tras la denuncia de grupos cercanos al Kremlin, según informó el canal de Telegram Ostorozhno Nóvosti.
La presión es extrema. Varias figuras públicas y diputados criticaron la exitosa película ‘Cheburashka-2’, protagonizada por uno de los personajes infantiles más queridos en la antigua Unión Soviética y en Rusia. ¿La causa? No promueve la moral conservadora que impulsa Putin.